miércoles, 10 de agosto de 2016
Cartas a Andalucía
miércoles, 27 de julio de 2016
Morir a cada latido
Es cierto que algunas veces la causa deja paso a la casualidad, y en la breve intersección circulan acontecimientos a borbotones. Sin embargo la mayoría de sucesos suceden, y suceder como verbo indica derivar de otro hecho; del porqué. Vamos, que un gran número de veces las cosas pasan por algo: porque tiene que ser así. Porque las acciones y decisiones han creado las circunstancias propicias a que aquello ocurra, y nada más.
Pues bien, la brecha se ha abierto y esto es lo que ha pasado. Casual o causal, qué importa. Dependa o no dependa, lo cierto es que los pasos que he dado en toda mi vida me han traído hasta aquí. Aquí. Ojalá supiera qué significa esto. Me recuerdo a mí misma a una estación de metro (por enésima vez). Los viajeros llegan, descansan unos minutos de múltiples formas (ilusionados, empanados, cabreados, desesperados, esperanzados...) hasta que llega su tren. Entonces lo cogen y se van sin más, a seguir con su vida lejos del bullicio. Y... Ya está. Eso es todo. Eso es la vida: brevedad. Brevedad y una lucha continua por superarla y hacernos universo: universales.
Sea o no sea, esté o no esté, sólo deseo dejar de sumar fotos que me recuerden despedidas. Quiero que eso acabe ya.
Quiero despertares, amaneceres, comienzos, olor a páginas de libro recién impreso. Quiero nacer... Quiero dejar de morir a cada latido.
sábado, 16 de julio de 2016
Lágrimas de acero
Autopromesas
sábado, 25 de junio de 2016
Estoy cansada. Muy cansada. Lo paso todo por alto, y se ha convertido en algo crónico. Pero todo tiene un límite, y hasta la admiración más pura se resquebraja cuando el tiempo que lleva en el umbral de la rendición ya no se puede medir. Porque el ciclo ya ha tocado fin tantas veces como estaba escrito.