sábado, 16 de julio de 2016

Autopromesas

Tenía claro que el tiempo pasaría inevitablemente. Hoy los nubarrones han comenzado a echarse a un lado, a permitir a un débil y tímido sol penetrar entre sus rugosidades. Me gustaría decir que el camino ha sido un paseo agradable; que no ha habido cuestas arriba ni maleza entorpeciendo mi avance. Sin embargo aquellos cuatro primeros días arderán en mi mente por los siglos de los siglos... 
Sí, siglos. uno por cada veinticuatro horas. Lo he pasado mal, muy mal, aun habiéndome prometido mil millones de veces que no volvería a pasar, que aquello era historia, que no volvería a dejarle penetrar en mi pecho e infectarme el corazón. Pero ya veo... Ya veo el valor de mis autopromesas. Lo he pasado mal y, pese a todo, su nombre retruena en mi cabeza como la más terrible de las tormentas. Golpea, arrasa mis pensamientos... Y aun así sólo él puede calmar mis miedos. 
Es increíble. 
Soy increíble, en el mal sentido.
Me odio. 
Sí.
Mucho. 
Y siempre.
Siempre te querré. 

sábado, 25 de junio de 2016

Estoy cansada. Muy cansada. Lo paso todo por alto, y se ha convertido en algo crónico. Pero todo tiene un límite, y hasta la admiración más pura se resquebraja cuando el tiempo que lleva en el umbral de la rendición ya no se puede medir. Porque el ciclo ya ha tocado fin tantas veces como estaba escrito.

lunes, 13 de junio de 2016

Tu fantasma en la nuca

Deseos por años insatisfechos por avanzar y ahora... ¿Ahora qué? El reloj me desgarra a segundos. Escucho al tiempo en su paso constante y no puedo soportarlo, no quiero oír nada más. ¿Por qué...? ¿Por qué me hago la valiente y me finjo capaz de dudarlo? Porque a cada instante estás un paso más lejos. 
Uno, dos, tres... 
Te haces pequeño y tu recuerdo pesa. Pesa y además no quiero soltarlo. Cuerdo... Te recuerdo cuerdo en un vaivén de locura. Estabas tan cerca... Y ahora todo son vacíos existenciales que acongojan. Así es como me siento: vacía, porque aquellos ojos entrañables se cerraron cuando debían permanecer abiertos a la prudencia. ¿Qué importó entonces? ¿Qué importa ahora? Cada canción me silva tu nombre, tus manos, tu voz... Tu voz... Esa canción...
Cada verbo que te implica lleva consigo el arte: buscarte, pensarte, extrañarte, admirarte... Amarte. Los puntos suspensivos me juegan malas pasadas, y una vez que el juego empieza es imposible pararlo.
¿Y qué si existen más personas? ¿Y qué si no he de agarrarme al ideal? Los demás contribuyeron a revolver un poco más mi amasijo de entrañas, pero tú... Tú eres sangrante. Y noto tu fantasma acariciándome la nuca.

sábado, 11 de junio de 2016

Yo esperaré aquí

Dicen que todas las historias tienen un comienzo y un final. Dicen que es inevitable... Que esos son los fundamentos de la trama, que por mucho que queramos, se siguen. Hablan de sueños inconclusos, identifican la suerte con el azar, sin darse cuenta de que en realidad es sinónimo de circunstancias, y que puede ser mala, pero también buena. Es esa la que construimos nosotros mismos. ¿Tuve "suerte" anoche? ¿Tuve buena suerte? No. Anoche sólo recogí los resultados de todo cuanto he sembrado y cuidado durante estos años. 
Aquellas personas a las que ayer abrazaba al principio sólo eran extraños. A algunos me unió la casualidad, en cambio... 
Corazonadas. Lo llamaré corazonadas. 
Recuerdo la primera vez que la vi cruzar la puerta. Llevaba una camiseta de tirantes y unos pantalones bombachos. Tenía un aire tan familiar que incluso me parecía extraño. Se enfadaba a veces, y levantaba la voz con frecuencia. Pasé algún tiempo observándola. Pronto supe que teníamos algunas cosas en común, y de repente un día le hice conocer la primera de una larga lista e inquietudes de las que hasta ahora ha cuidado, y seguirá haciéndolo. Por siglos y siglos de historia contemporánea. 
También lo recuerdo a él, de mala hostia y brazos cruzados en el pasillo, junto a mi puerta. Es curioso pensar que todo empezó con un grito, una regañina bestial por estar fuera del aula. Lo detestaba, aunque ciertos augurios (también corazonadas) aventuraban un giro de ciento ochenta grados. Un cambio irreparable en el argumento. Y ¿qué se supone que debería detallar? De mis ojos brotan lágrimas sólo con imaginar lo mucho que me va a costar acostumbrarme a estar lejos de él. Aunque al menos tengo la certeza de que cuando regrese, ahí estará siempre... Con eso tengo suficiente. 
Stirb nicht vor mir.

martes, 31 de mayo de 2016

Ataraxia y vientos alíseos

Han pasado tantas cosas desde la última vez... La realidad ha echado por tierra sus cimientos. Mi realidad. ¿Qué es la vida?, ¿qué es la muerte?, ¿qué es la felicidad? El pavimento llora ataraxia y yo resbalo en sus sollozos. La tarde se desmaya de vientos alíseos. Resulta tan divertido... Tan escalofriantemente gracioso y adorable...
Podría cumplirse el eterno retorno: existencias y más existencias sucediéndose de manera constante e inmutable. Corazones rotos, vida sangrante, delirios. Esa será la esencia de la vida por los siglos de los siglos. Al margen del abismo los instantes se congelan, el pecho llora adrenalina y me siento caer por el compás sordo del minuto presente. Ríen desprecios las nubes a las laderas de sotavento castigadas por el cierzo y los excesos de milibares: el fuego eterno la abrasaría de inmediato. Pero a mí eso no me importa. Yo me mantengo erecta y firme, refugiada en la cumbre, entre sol y sombra. 
Desde aquí se ven los barbechos. Me recuerdan a las madrugadas. A los reyes de otros tiempos que hace poco me besaron la mano mientas yo lloraba la pérdida. Siempre he odiado las despedidas... Pero esta vez todo es distinto. No deja de brillar una luz en el horizonte. 
Otro tiempo, otro lugar... Otro futuro que me espera a la vuelta de la esquina. Siempre. 

sábado, 7 de mayo de 2016

¿Qué te pasa, Esther?

<<¿Qué te pasa, Esther?>>
Me pasa es que estoy cansada de empirismos. Peor aún: de empirismos platónicos, que para colmo ni siquiera existen. Eso es lo que me pasa.

lunes, 25 de abril de 2016

Sartre me visitó esta mañana

Me encuentro en una época de tránsito entre dos visiones del arte, o más bien entre dos modos de disfrutarlo. Me preguntaba por qué me costaba la cordura terminar un libro desde hace tantísimo tiempo, siendo que antes los devoraba uno tras otro sin cansarme nunca. Mi mente me dicta conquistas e invasiones irracionales de todo pensamiento de libertad; pero yo no me siento libre. 
Una etapa contemplativa de mi vida luchaba por cerrarse en contra de mi consciencia, mi corazón y sus deseos, y finalmente lo hizo, sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo. Ahora, más que nunca, más que nada, mi subconsciente, mi psicología me inducen la apetencia de crear. Me empujan a la necesidad de escribir luces y sombras, pintar alaridos eróticos. Dibujar voces, redactar madrugadas, narrar miradas y estallar en latidos. Esta es la pura esencia de mi actual voluntad, o involuntad, más bien, porque adoro contemplar... Y nunca seré libre sin poder elegir admirar e idear al mismo tiempo.