jueves, 13 de noviembre de 2014

Parafraseando a Churchill

Pido palabra y consejo a alguien que sepa qué es activar el chip de positividad al poner un pie en la calle desierta de por las mañanas y, sin embargo, llegar a casa a diario con el corazón arponeado y las ilusiones deshechas en un puño. Diluídas por el ácido que desprende su muñeca durante el día. A quien sepa qué se siente cuando no hay fuerzas. A quien también haya perdido las ganas de despertar y levantarse por las mañanas.
Odio admitir que todo me está desmotivado, pero esa es la realidad. Qué será de mí si, a causa de la falta de tiempo, no importa cuánto estudie, pues jamás me será posible demostrar que me esfuerzo de verdad, que lo doy todo y más por seguir, aunque esa continuidad insana me cueste sangre, sudor y lágrimas. ¿Qué más debo hacer? A fin de cuentas nada es suficiente. Ese es el hecho inmutable que queda demostrado una y otra vez.
En mi cabeza se formó un cúmulo de desesperación que crece sin parar, que me mata por dentro sin que pueda hacer nada. Que me mantiene en una eterna caída por el abismo, sin dejarme ver el final. El final que siento la necesidad de alcanzar al fin.
Siempre pude con todo,  pero ¿esto? Esto es demasiado. Echo de menos la época que viví ahí arriba, ansiando la llegada de las letras, el punto de inicio de las carreras oscuras. Quién me lo diría entonces. Aquello nunca debió terminar.

martes, 11 de noviembre de 2014

Umbral 0 de inteligencia; el umbral inteligible

Dicen que la actitud filosófica nació de la admiración y la duda, y que esta solo pudo surgir cuando el hombre fue capaz de admitir que no sabe, que ignora, y solo por esto es capaz de percibir su necesidad de adquirir conocimientos. Solo el que es consciente de que no sabe puede sentir el deseo y la necesidad de saber. 
Existe un "umbral 0", que es el que alcanza una persona cuando es consciente de que no sabe y, a consecuencia, deja de hacerlo: el umbral 0 de inteligencia o umbral inteligible. Aquel donde se toma consciencia de las limitaciones de nuestro entendimiento, nuestra capacidad de percepción de la realidad. Es en este punto donde se inicia el conocimiento en sus dos vertientes (teórico, que busca desentrañar la verdad, y práctico, que persigue el hallazgo de la felicidad). 
Podría darse la malinterpretación de este concepto del umbral 0, pues es en apariencia fácilmente confundible con la estupidez, aunque sea un error. Al contrario de lo aparente, el umbral inteligible denota la suficiente capaz intelectual como para admitir que verdaderamente el conocimiento personal es limitado. Es el primer paso en el aumento del mismo. 
Sin embargo no todo el mundo es capaz de alcanzar dicho umbral y, curiosamente, son las personas que no lo consiguen las se creen poseedoras de un mayor de inteligencia, aunque esta teoría sea del todo incierta. No es más ignorante el que ignora, sino el que está tan limitado que ni siquiera puede ser consciente de su propia ignorancia. 
En resumen, para que surja la absorción de conocimientos, es indispensable la admisión del supuesto de que, en el inicio del proceso de aprendizaje, nadie sabe nada, pero esto es indispensable para alcanzar el abanico de conocimientos teóricos y prácticos que deseamos. De esto se componen la inteligencia y sus umbrales.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Farsa

Llamáis fascistas a quienes optan por el diálogo, el poder de la palabra, siendo vosotros quienes creen en la supremacía de vuestra tierra. Decid de qué valen vuestros discursos que apelan a la democracia si priváis de una decisión que nos afecta a todos a aquellos que no se encuentran en el interior de vuestras fronteras. Decid en qué clase de democracia se le lava el cerebro a la población bombardeándola con publicidad que echa pestes sobre el país sin informar de manera correcta sobre los pros y los contras que tendría la separación.
Y ahora, ¿qué? ¿Nos haréis la guerra? Bravo por aquel hipócrita que dice que la historia no debe ir hacia atrás. 
Esto no es democracia, es un pucherazo. Un fraude que fomenta el odio y no la fraternidad. 

jueves, 6 de noviembre de 2014

Ludismo

Cada mañana el vil despertador me arranca de la dulzura del mundo onírico, donde puedo ser libre, donde el tiempo es más que suficiente para ser feliz, donde todavía puedo pasar las páginas de un libro y sentir que la literatura soy yo, que su fuego me quema y su esplendor, su comprensión, incluso, me invaden. Y que ningún sueño me está vetado. El pitido desesperante, desconsolador, mil veces repetido me arroja a un lugar sombrío y amargo en el que ni hay espacio ni hay lugar. Ni hay tiempo, ni vida ni ilusiones, y todos los horizontes multiplican por mil miles su lejanía.
Miles de seres inútiles e inhumanos buscan algo, todos abusan de mí, y entre ellos se pelean por robar mi aire, mi esencia, el combustible que me levanta y me anima a continuar, y yo me pregunto: ¿qué estoy haciendo con mi vida?
¿Qué hago aquí y por qué el destino insiste en cebarse conmigo? Día y día pienso con el camino que dejé atrás, el que no me permitieron escoger. ¿Cómo sería mi hoy si ayer hubiese optado por los conocimientos prácticos? Si hubiese utilizado la filosofía como búsqueda de la felicidad y no como otra cosa, ahora esto no me atravesaría como un puñal.
A veces intento llorar, pero con resignación me percato de que ya no tengo fuerzas para eso. Ni fuerzas, ni tiempo,  ni vida, ni nada.
Así que, en ver que no puedo hacer nada, me limitaré a interpretar mi papel de máquina, puesto que no soy más que eso. Desde hoy seré la imprenta que el director de la obra quiere que sea, y nada más. De persona me queda mi peso muerto sobre los hombros. Así será hasta nuevo aviso.

Si buscase a un culpable, desde luego, Taylor quedaría absuelto. Me esfuerzo en ser una buena alumna, pero nada parece ser suficiente.

viernes, 31 de octubre de 2014

Yo te buscaré, te encontraré...

Recuerdo el 31 de octubre de hace justamente un año. Yo estaba feliz, muy feliz. Y cómo no estarlo, si el destino me tenía reservada la fortuna de volver a escuchar su voz. De escucharla por última vez...
En otras circunstancias, en las de entonces,  por ejemplo, hubiera elaborado un salmo perifrástico en honor a su mirada, su voz, su mano izquierda, sus pasos a través del pasillo o el simple temblor que su recuerdo me produciría. Pero estoy demasiado cansada como vacilar en la disputa entre Dee Dee y el tiempo. Demasiado agotada para pensar más.
No está. Se fue, y los daños colaterales aún me persiguen.  Daños, fundidme con el pasado que no volverá, pues de irreversibles, me quitásteis la capacidad de vivir sin vuestra dolorosa influencia.

Estés donde estés, no desaparecerás de aquí. Y ya no puedo continuar.

jueves, 23 de octubre de 2014

Sobre Platón y sus dos mundos

Hace tiempo me preguntaba si eso de <<amor platónico>> hacía referencia alguna a Platón. El filosofo desgajaba la realidad en dos mundos: el mundo de las ideas y el mundo sensible. En el primero reside la verdad auténtica, la inmutable, el sentido de todo. Mundo que, por desgracia, nos está vetado y, con ello, viviremos eternamente separados de la sabiduría suprema. Es cruel y muy triste ver como el sueño de los liberados les fue arrancado incluso antes de existir. 
El mundo sensible, en cambio, es el que habitamos. Su nombre proviene de la captura de sensaciones que los órganos del hombre son capaces de llevar a cabo, siempre utilizando sus recursos —que, aunque escasos, bien aprovechados son más que suficiente— al máximo. Sin embargo, no parece albergar ningún atisbo de realidad. Es decir, lo que vemos no es lo que hay, sino lo que creemos ver: sombras proyectadas de la auténtica verdad. Esa musa que sin piedad dibuja su silueta sobre una pared y nos invita a perseguirla, pero nunca está donde vimos la solidez de sus caricias. 
Aristóteles, no obstante, reniega de todo esto. Al parecer la realidad ya es lo suficientemete complicada como para seguir hurgando y pretender atar los miles de cabos sueltos. Por lo que a mí respecta, solo sé que lo que parece ser, no es lo que parece, y que verdad y realidad no siempre caminan de la mano. 
En cuanto al tiempo... ¿qué se puede decir del tiempo? Que me separa de aquellos que fueron hechos de mi misma pasta. Hoy los estudio, los hago revivir con el recuerdo, que parece ser lo único capaz de conectarnos nuevamente, como alguien me enseñó. No obstante está claro que ese alguien jamás reconocería su mérito, porque es así. Aunque también es cierto que nunca se lo he confesado abiertamente. Pero la persona en cuestión, es muy inteligente, y sé que sabrá darse por aludida. O eso espero. 
A todo esto venía diciendo algo que ya no recuerdo. Regresará a mi mente, espero. Y si no, permanecerá para siempre en el unido de las ideas, pues ya jamás podré tener acceso a ello.
 
Y ahora, ante el sentimiento inevitable, me deshago en recuerdos.

martes, 21 de octubre de 2014

(Sin)sentidos

Existe un pánico extendido por toda la tierra. Espolvoreado sobre ella, hace miles de millones de siglos, como si de canela se tratase: dulce y peligroso. Al borde del abismo, es el culpable del irresistible vértigo que nos hace palpitar rebosantes de vida, justo antes de caer.
 El choque de polos opuestos es inminente, eso está claro. El término <<luz>> no tendría sentido si la oscuridad dejase de perseguirnos, acecharnos, incluso de llamarnos, atraernos, seducirnos hasta volvernos aún más perversos de lo que la propia naturaleza quiso para el hombre.
El pánico a la multitud, el miedo al vacío, que me hiere y a la vez es lo único capaz de sanar mi alma enjuta. El estallido es más potente que el estruendo de mil cañonazos. Igual que ocurre cuando amor y odio se igualan. 
La paradoja es odiosa, y también inevitable. Que nuestro objetivo sea la felicidad estando condenados al odio y el miedo. El odio y el medio son los  motores de la Historia, y el amor a la Historia me hace palpitar. Vuelta a empezar. Vuelvo a celebrar mis delirios y locuras antes de precipitar en mi propio destino, que todavía no sé si de verdad está escrito en mi realidad o soy yo la que redacta sus pasos sin saber de dónde viene. Sin saber adónde va.